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Posteado a las 13 de Mayo de 2012 - 11:06 0 comentario
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Homenaje Perpetuo a la Madre Universal

NO EXISTE TORMENTO HUMANO MAS NOBLE y hermoso que el dolor de Madre. La labor de parto, gracias a su virtud bidimensional, establece el umbral definitivo del amor. Desde un plano físico asume con bondadosa resignación las penurias del desgarro y el suplicio íntimo del prolapso. Mientras que en terrenos de lo intangible encara en valerosa soledad la disolución del binomio del que era todo y parte, llevando con dignidad y entereza esa fisura emocional a cuestas. Ser madre es ser todo sin pedir nada, señores.

EL ADORABLE PARASITO que durante nueve meses vive robándole alimento, sueño y estabilidad emocional a su propia matriz, deja huellas imborrables en esta generosa dadora de vida. Una de ellas es el obligatorio peso adquirido, estado generado por desprendido afán de retener todo líquido que haga más confortable la estadía del nuevo ser. Este sacrificio personal amerita, sino una correspondencia que acaso la diferencia de géneros imposibilita, por lo menos un mínimo reconocimiento.

AQUI ES CUANDO ACUDE AL GRITO MUDO de la sociedad, cual melódico demiurgo, nuestro amigo el baladista romántico. En virtud de una personalidad carismática, su don de gentes escénica y la justeza interpretativa que la gratitud intrauterina obliga, logra mediante sus talento honrar esta deuda impagable. Y simultáneamente alimenta de propósito una efeméride – el Día de la Madre- que sin sus canciones no serían más que una orgía de electrodomésticos apilados a lo largo de una sucesión interminable de almuerzos al filo del tedioso abismo dominguero.

TOMEMOS UNOS MINUTOS para reconocer a estos bardos de lo materno.

RAMON BAUTISTA ORTEGO, tucumano hijo de Tomasa Rosario Saavedra, fué acertadamente descrito desde los albores de su carrera como el chico triste de las canciones alegres. Se sumó a esto su denominación artística imperecedera – Palito Ortega – para confirmar una anatomía disminuida y enclenque. Resulta doblemente meritorio que un individuo dotado con un aspecto físico idóneo para triunfar en el rubro de las pompas fúnebres, sea el magnífico intérprete de una marcha pura en su inocencia y alegría. Deleitémonos en el almibarado mensaje de Se Parece a mi Mamá:

Ese pájaro que canta

Ese río que se va,

Todo eso se parece,

Se parece a mi mamá.

ALBERTO AGUILERA VALDEZ, hijo de Victoria Valdez Rojas y menor hijo de diez hermanos que tuvo a bien adherirse lo más posible a la autora de sus días, supo reconocer la solidez del refugio materno desde la más tierna edad. Ante irrecuperable ataque de nervios de su señor padre Gabriel, el niño Alberto es internado en el Centro de Mejoramiento de Ciudad Juárez. Ahi tiene la dicha de conocer a un hombre, sujeto maduro que lo orienta y conduce. Además le enseña a tocar la guitarra, y según algunas fuentes, también a tocar el órgano (aunque nunca se le vería luego al piano). En base a esas dos vertientes paternas casi traslúcidas Alberto construyo así su nombre artístico uniendo el de su mentor, Juan, con el de su padre ido, Gabriel, pero solo para poner su arte al servicio de su verdadero amor, doña Victoria. Hastiado de sufrir la ausencia materna en el internado de Juárez, y aprovechando que era el encargado de botar diariamente la basura, a los 15 años Juan Gabriel escapa del enclaustramiento para convertirse en el Divo de Juárez. Solo el podría luego llevar a lo poético temas tan peliagudos como el rigor mortis, adelantándose  visionariamente a la fascinanción zombie tal como lo hiciera en Amor Eterno:

Como quisiera, ay

Que tu vivieras

Que tus ojitos jamás se hubieran

Cerrado nunca y estar mirándolos (…)

Obscura soledad estoy viviendo

La misma soledad de tu sepulcro

Tu eres el amor de cual yo tengo

el más triste recuerdo de Acapulco.

CRISTIAN CASTRO, HIJO DE VERONICA, fue precoz recipiente de una animadversión hacia la figura masculina que supo replegarse hacia la mullidos terrenos de la devoción materna. Su madre, Verónica Saenz Castro, había desechado su apellido paterno como señal linguística de la auto realización artística. Al tener el hijo de un hombre ya comprometido, Manuel “El Loco”Valdés”, le negó la referencia paterna al fruto de ese amor sancionado, continuando con la impronta materna como destino. Además le puso Kristian con K porque- según la adorable chaparrita- con esa letra se escribía el nombre de Cristo en Italiano (?). Pero Kristian, tal como el redentor que hiciera del amor un acto revolucionario, llevaba la independencia en sus sangre. Al irse a vivir a los EEUU se quitó la K, aprovechando de paso para borrar por siempre el apellido Saenz de su vida. A pesar de pequeños contenciosos legales que han salpicado la relación entre ambos, Cristian  - que ya daba señales de ir gestando una sensibilidad exquisita en el inolvidable y refrescante video clip de su canción Azul - puso en blanco y negro a través de la canción Verónica su rendido tributo al vientre del que salió. Confesando entre líneas, para quien sepa leerlo, un anhelo de vida universal: volver a ser un lactante:

Muy querida y respetada

Una dama iluminada de verdad

Y aunque se tan cruel el tiempo

Y aunque pasa tan violento,

Yo te llevo tan adentro

Que ni la muerte nos separará.

(…)

mi sueño es adorarla por una eternidad,

volver a ser el niño de ese tiempo atrás…

CAMILO BLANES CORTES, hijo menor de Joaquina Cortés, alicantino nacido en el año 46, sexto miembro de su familia y bautizado con nombre compuesto de seis letras, razón por la cual eligiera como nombre artístico Camilo Sesto, es el hijo de mamá por antonomasia. En la segunda estrofa de su canción necesariamente intitulada Madre, explica cómo y porqué así a veces el más importante y grueso órgano humano no es el corazón ni el cerebro, sino el cordón umbilical:

Me acostumbré tanto a ti

Que cuando estoy con alguien

Quiero que sea cómo tu

Y cómo tu no hay nadie.

TROVADORES DEL SENO MATERNO, poetas del más sublime amor: gracias. Porque a través del horror indescriptible de la insondable afectación de sus melodías, es que nosotros los hijos – muy a menudos ingratos – nos podemos asomar al calvario espantoso que habrá supuesto a nuestras progenitoras traernos al mundo: pudiendo imaginar esa aflicción como algo parecido a escuchar todas estas canciones juntas y a la vez mientras un tercero que en la práctica tiene el volumen y contextura de una sandía, pretende usar nuestra entrepierna como puerta de entrada a este mundo cruel. Madres, mis respetos y feliz día.

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