Lista alternativa para los millones de pequeños seres humanos a punto de soportar la tortura de escuchar necedades a 30 grados centígrados.
1) Uno o dos padres más interesantes que la televisión.
2) Abuelos, tíos o maestros tan interesantes como esos padres
3) De no haber lo anterior, un frasco grande del mejor antídoto contra el racismo y otras estupideces que puedan enseñar en casa: pensar por uno mismo.
4) Témperas anímicas para los días grises.
5) Un cuaderno de 400 hojas para apuntar todo lo que no se sabe.
6) Una hoja de papel para hacer lo mismo con lo que uno cree saber.
7) Tener más amigos que enemigos.
Tener menos amigos que conveniencias.
9) Goma líquida para pegar lo que uno rompa, unir lo que se separe, y para untársela en los dedos y hacer telarañas falsas.
10) Una calculadora con las cinco operaciones básicas: sumar, restar, multiplicar, dividir y compartir.
11) Una cajita pequeña de dudas variadas para ser usadas independientemente del conocimiento de los profesores.
12) Un primer amor que valga la pena para algún día saber reconocer el último.
13) Saber más de música que de marcas.
14) Una boca valiente que sepa cuando es necesario quedarse cerrada y cuando seguir haciéndolo es cobardía.
15) Un diccionario para el día que se tenga algo que decir saber cómo decirlo.
16) Un compás de precisión para establecer la diferencia entre ser gracioso y ser un imbécil.
17) Mocos en cantidad para jugar con ellos que es lo que los niños hacen cuando piensan.
18) Media docena de sueños propios.
19) Zapatillas blancas para perseguirlos hasta donde sea necesario.
20) Aprender algo de latín, algo de inglés, algo de francés:
Carpe diem, fuck off, je t’aime.

