TAL COMO SU NOMBRE LO INDICA, los Wikileaks son solo eso, filtraciones de la diplomacia norteamericana. Para supuestamente convertirse en información es que Assange los delegó a periodistas a fin que les proporcionaran el análisis, contexto y contraste necesario para hacerlos trascender el chisme de embajada. El problema es que los diplomáticos siempre serán lo que son, elegantes profesionales de la infidencia, y el publicar sus apuntes internos no los convierte instantáneamente en ensayistas. El único y gran prodigio de los Wikileaks es que ahora se está contando en público lo que antes solo se podía decir en privado. El placer de husmear.
NO ES POCA COSA, sin embargo. Más que contenido informativo en si mismo, (su pobreza y superficialidad dejan pensando en qué realmente ocupan el tiempo los embajadores), lo que transmiten estas filtraciones son un registro menudo del doble discurso político local. Humala despotrica del sistema yanqui en público, Humala consulta con la embajada en privado. Castañeda elogia a García en público, Castañeda lo ridiculiza en privado. García deslinda con el fujimorismo en público, Keiko explica su acuerdo político con el Apra en privado. Y así sucesivamente ad nauseam, literalmente hablando.
Y PENSAR que dentro de un mes y pico tenemos que elegir a uno de estos. Siguiendo su ejemplo, digamos en público que son todos muy respetables y que el país los necesita. En privado, ya tu sabes.
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