NUESTRO ES EL REINO de los cielos. Demostrando una ejemplar mansedumbre de espíritu los peruanos se congelan en la plaza de armas de Lima viendo el mundial de pie pero en alta definición, soportando la histeria televisiva de conductores que organizan concursos de pataditas como goce superior del alma humana. Plenitud sucedánea de participar en el mundial que supone el concurso de gritos, reguetón y demás exaltación a bajo costo del denominador común mínimo.
SUMESE A ESTO una elite de espectadores pasivos, los coleccionistas de objetos de exclusivo valor emocional, que domingo a domingo se reúnen en el Parque de Miraflores convocados por la modestia y la frugalidad para intercambiar figuritas de selecciones que no son de su país. Los caracteriza singular destreza manual y óptima visión panorámica del campo de juego. Si estos sucesos – equiparables a un amateur y continuo encendido de la antorcha olímpica- no son inmensa demostración del poder sanador del deporte, no son nada. Inmejorable demostración del más generoso desprendimiento a favor de la excelencia deportiva ajena. Contextualizemos: Perú ocupa el penúltimo puesto en el ranking sudamericano de fútbol. Perú acabó esta clasificación al mundial con treinta y cuatro (34) goles en contra. Los peruanos menores de 28 años jamás han visto una selección peruana clasificada a un Mundial de futbol. Pero están cambiando figuritas.
ANTES DE 1982, ultimo mundial al que Perú asistió en la vida real, el llenado del album era una actividad que se ejercía con desdeñoso egoísmo y vacuo triunfalismo, alimentada la angurria deportiva con la baja pasión del triunfo – o empate- nacional.
Luego de la debacle de España y extinto el afán rastrero de ganar, junto con la caída en desuso social de actvidades tales como la caravana a lo largo de la avenida a Arequipa o el disponer imágenes de santos sobre el televisor, el album de figuritas mundialistas pasó a una nueva etapa. Evolucionó. Creció. Levantó la Mirada. La acumulación e intercambio altruista de figuritas de selecciones de otros países empezó a calar con hondura en lo mejor de nosotros, sembrando una semilla de amor, armonía y solidaridad humana en las más jóvenes almas de la nación.
LA COSECHA ES HOY, en la sonrisa borderline del hincha peruano subempleado que hace pataditas en la plaza de armas celebrando la elasticidad del guardavallas nigeriano. En la auto estima traumatizada del niño nacional que duerme, velado su sueño, por un inquietante poster de la selección de Ghana. Seremos los peores futbolistas de la region, pero tal vez los más buena gentes del mundo.
SOLO POR GOZAR DE ESTA SUPERIORIDAD MORAL, los borrachosos, putañeros, engreídos, ostentosos y narcisos jugadores responsables de no clasificar a nuestra selección a Sudáfrica se merecen nuestro más profundo y sincero agradecimiento, así otros opinen lo contrario. Gracias muchachos, Perú Campeón.

