Noviembre 7, 2009

Elévate, Man (II)

Categoría: Sin categoría jaime_bedoya - 1:53 am

(para naf y rha, vida y sangre)

ATRAVESE EL TUNEL del parqueo bajo el Ovalo Gutierrez hacia el Chilis sobre mis Elévate Shoes. La inspiración se la debo al memorable swing con que John Travolta comienza Saturday Night Fever. Presentaban un nuevo celular - ya  para qué tantos, si todo es para decir las mismas cojudeces- y mis siete centímetros ficticios como que no interesaban a nadie. Especialmente a mi. Mis angustias eran otras, ajenas al interés público así que no pregunten, y más fascinado estaba en la experiencia de caminar sobre el dispositivo secreto que sobre otra cosa. Se trata de una cuña, imagino de dunlopillo o de otro material de tecnología punta que solo tiene la Nasa, como no, que obliga a que uno camine casi en puntas de pie. Ahí están tus siete centímetros. Osea un tercio de una virilidad bien dispuesta.

LA PROVERBIAL HORA peruana es un tema con el cual hay que tener un límite. El mío fue de tres vodkas con naranja. Los colegas estaban muy divertidos con el sorteo de un celular que no iban a ganar. Yo solo quería erguirme, dejar notar mi elevación, ponerme por encima de los apremios que no puedo mencionar. Lo que Roni, my brother from another mother, me estuvo repitiendo durante más de un mes: se grande. Lo tomé al pie de la letra. Seré. La caminadita Travolta me condujo hacia mi automóvil dispuesto a violentar, a mucha honra, ese musulmán límite de consumo alcohólico al manejar. Orgullosamente diles que es por ti.

EL SIGUIENTE COCTEL ERA MAS extraño aún. Lo que no hizo sino confirmar las bondades intuitivas que guardo y cultivo hacia el ermitañismo. O mejor dicho, la felicidad doméstica. Ver tele hasta el atontamiento con la compañìa indicada (estado de gracia que encontrara su máxima expresión en un viaje a Trujillo donde, otro día lo explico, como unas siete personas reímos sin parar en una habitación del hotel El Golf gozando y sufriendo la historia del hombre más gordo del mundo, y encima enamorado. Como si con ser el más gordo del mundo no bastara).

Y ERA EXTRAÑO ESE COCTEL porque desfilaban venados y papanoeles, chiquiviejas y periodistas ampulosos (provocaba volver con la tegen del Chilis), y especialmente por que el desconcierto que me invadía aumentaba proporcionalmente a la ingesta de whisky al que me sometía. Quería entender algo que no podía entender. Y la única persona que podía explicármelo no sabía hacerlo. Ahí es cuando uno cae en el viejo truco de la dipsomanía. Los siete centímetros eran, una vez más, intrascendentes. No necesitaba altura, sino como decía Roni (ya van dos menciones con esta, así que no jod), grandeza. Un concepto completamente diferente.

PERO NO EXISTE DOLOR EN VANO. No existe, tengan fé. El fluir natural de las cosas, JJ Walker puso su granito de arena al respecto, me llevó donde tenía que llegar. A la barra de la Gloria. Uno de las últimas barras dignas de tal nombre que en esta ciudad quedan. Ahí me encontré con querido amigo que colaboró en este lento pero bienvenido proceso de humanización que me aqueja. Y hablando con el, recordando un amor suyo que el decía haber perdido y yo que no, en el amor nunca se pierde, solo se gana, y si pierdes es porque nunca quisiste,  fue que levantando la mirada -sin esfuerzo alguno- encontré de la manera más sencilla y sin esfuerzo la respuesta lo que no me dejaba dormir hacía semanas. La verdad os hará libre. Elévate Shoes más alto. La Gloria más ebrio, pero más sabio. La liberación había llegado sola.

ENTRAR EN DETALLES NO serviría de nada. Pero si valdría la pena apuntar algunos errores de cálculo. La primera sensación que dejó el alivio, hay que admitirlo, fue cercana a la arrogancia. Dejarse llevar por el dispositivo secreto y tontamente sentirse milímetros por encima de los demás. El famoso yo lo sabía, yo no haría algo así, yo soy mejor que eso, etc. Pero la sonsera egoísta duro lo que duran dos peces de hielo en un guiski on the rocks, Es decir elévate, man. La altura sirvió, ya era hora, para tener perspectiva. Recuperar la calma y definir sin sobresaltos las conviccciones. Y estas solo habían crecido, libres y gozosas, sin rastro de dolor. No hay corazón malo, podrá estar confundido, pero no malo. Un espontáneo campo de girasoles que nadie salvo los que llevaran Elévate Shoes podían ver, brotó suavemente entre las mesas del restaurante como para que una Heidi corriera entre ellos lejos del miedo y la desconfianza prefabricada. Velarde, era hermoso.

COGI UNA de las flores, y como aquella primera vez en Pachacamac, imaginé que la entregaba diciendo creo en ti.

No te asustes. No hace daño. Se llama certeza.

3 Comentarios »

  1. oh que romantico!! me gusta como escribes

    Comentario by lorena — Noviembre 9, 2009 1:12 pm

  2. Viva Elévate Shoes y la nueva perspectiva que te dio.

    jaime_bedoya

    jaime_bedoya Reply:

    viva !
    (ojo que trigo atomico S.A.C. comisiona 15% por publicidad)

    Comentario by Carla — Noviembre 28, 2009 2:47 am

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