El Chifa Feliz
CHIFA: HAY ALGO HONDO EN TU BREVE NOMBRE que evoca la mejor nostalgia, ese dulce sabor del pasado no perdido. Cada vez que entro a uno, sea de lujo o de mosca y barrio, parte de mi regresa al irrepetible Chifa Mandarín que existiera alguna vez en la calle Juan de Arona. Tenía el infaltable aviso de neón con tipografía orientalizada, la obligatoria pileta de aterciopelados y ociosos peces naranjas que nadaban sobre un fondo de chapitas semi oxidadas, y un segundo piso destinado a un habitat comestible cada día más escaso de encontrar en establecimientos de ese tipo: el cuartito con cortina plegable. La mesa era redonda, todos se miraban las caras, y el cumpleaños, la buena nota o cualquier pretexto pasable ameritaba la copiosa y simultánea presencia de chaufa, tallarín, chancho con tau sí, camarones rellenos con almendras, todo al centro, y el centro para todos, compartir irrigado por un gentil manantial de insistituible Inca Kola. Con el añadido y garantizado derecho de dejar las huellas de esa felicidad triplemente impresas en tamarindo, sillao y ostión sobre el temporalmente inmaculado mantel de la mesa en turno. Si así te crían, así aprendes. Donde antes estaba el Mandarín hoy en día hay un local de la Sunat.
MI HIJA HA DESARROLLADO la extraña costumbre de comer solo el borde del wantán, jamás el relleno. No pregunto porqué, me lo como yo. Pero ya ha incorporado el legado del chifa como vínculo de pertenencia y episodio de dicha masticable. La comida chatarra es para cuando está apurada, o estresada porque le faltan muebles a una mascota virtual que tiene en no se qué página web. El chifa es para cuando reclama sentarse a la mesa, oblicua gentileza para demandarme más tiempo, que se lo debo sabiendo que nunca podré darle todo el que se merece. Así que cuando se presenta, lo exprimimos como el último limón del Africa.
HACE ALGUNOS MESES, en un chifa que ha tenido la desventura de seguir el curso natural de un proceso de incomprensible transmutación que afecta lo noble de esta ciudad, es decir se ha convertido en un tragamonedas, nos enteramos que había un concurso de historias para niños. Tenían que inventarse una historia o cuento, y el mejor de ellos según despistado jurado adulto se haría merecedor a un estupendo juego de colores, plumones, lapiceros y todo aquello para llenar lo blanco. Entonces ella, mordiendo el borde del wantán y revelándome la maniobra la verdad en torno a su origen, dijo inventemos la historia del Chifa Feliz. Ya pues, respondí.
ESTUVIMOS SEMANAS en eso. Llegué a registrarlo por escrito, actualizando cambios y novedades. Pero un olvido imperdonable, el apuro intrascendente que devora los días sin luego dar cuenta de ellos, nos hizo ir abandonando poco a poco ese bienestar invisible, que un día llegó inclusive a desaparecer. Matando el tiempo esta tarde frente a la pantalla, creyendo que así apuraba al verano sin necesidad del alambre de púas del fin de año, encontré lo que había de escrito acerca de esa historia.
El Chifa Feliz
EL CHIFA FELIZ es un chifa al que no importa como llegues, puedes hacerlo hasta mal herido o con un diente a punto de caerse, siempre sales feliz y por eso se llama así. Su secreto no es difícil de descubrir, pues cada quien lo recibe al traspasar sus puertas: es el menú.
EL MENU FUE especialmente hecho por el líder de los chinos más felices de China. Ellos saben que antes que mandato la comida es celebración, lo cual significa que puedes mancharte con ella o llevártela puesta en cara, ropa y pelo. Y como los chinos más felices de China tienen el poder de la sonrisa, aquél se lo han contagiado a los platos que han creado. Eso significa que la comida del Chifa Feliz es mágica. Esta viva.
CADA PLATO ES como un juego. Así que si visitas el Chifa Feliz no vayas ni muy elegante ni muy tieso. Lo que comes lo vives, y lo recordarás para siempre. Aquí está el menú. Come y calla:
TALLARIN SALTADO SALTARIN.- Esta pasta a base de arroz y jebe chino comestible produce grandes rebotes en el niño que lo ingiere. Estos brincos pueden durar entre 4 a 7 días. Resulta un alimento útil para niños que practican básquetbol o necesitan bajar juguetes de estantes muy altos. Su complicación, aunque no mucha, es que su posterior digestión genera una caca también rebotadora. Ir al baño se vuelve un poco más complicado de lo normal, pero también muy divertido. Se recomienda no prolongar los juegos con la caca rebotadora más allá de los tres días, ni intentar maniobras arriesgadas sin la debida supervisión. Cumplidos los tres días el rebote pierde sus poderes y la caca vuelve a ser caca. Hay que limpiarla.
SOPA WANTAN CATAMARAN.- Consomé que a la doceava cucharada ingerida transporta al niño(a) a a bordo de un barco catamarán que navega sobre un océano de sopa. Hay cañitas extra largas a ambos dos lados de la cubierta para ir bebiendo la comida. Los que ya estén llenos o detesten la sopa pueden usar redes y cañas de pescar para pescar tallarines, trozos de pollo, verduras y todo lo que se encuentra en una sopa wantán. Los propios wantanes, en caso de una accidental caída al mar de sopa, pueden ser utilizados como flotadores mientras llega ayuda profesional.
ARROZ HOLA Y CHAUFA.- Reinvindicando en que consiste lo especial del arroz chaufa especial, este plato tiene funciones propias de la telefonía. Gracias a una cuchara dotada de teclado alfanumérico y tecnología incorporada en el fondo del tazón, el alimento opera igual que un teléfono celular. Tres masticaciones seguidas obtienen linea. Luego se marca en la cuchara el numero al que se quiera llamar y se consigue una conversación telefónica de calidad bastante aceptable para una porción de arroz, que dura lo que dura en ser comido. Es mala educación hablar con la boca llena, asi que mientras uno mastica es mejor escuchar lo que la otra persona tiene que decir. Si se pide el Arroz Hola y Chaufa Extra Especial tambien se pueden recibir llamadas. En breve se habilitará el servicio de mensajes de texto vía la cebollita china.
NABO VIVO ESCULPIDO.- Se trata del conocido nabo ornamental tallado con alguna forma artística, solo que este viene dotado de vida real. Por ejemplo si se trata de un cisne o un conejito este se materializa en la mesa apenas la cuenta haya sido cancelada. Si la propina es justa y generosa, el niño se puede llevar el animalito a casa. En algunos casos lo mejor es ser prudente con la propina porque el nabo puede tener forma de tigre o pulpo gigante. Han habido algunos accidentes al respecto.
PATO A LA LAGUNA DEL PAIS ESPUMA.- Plato hecho con hongos especiales que durante dos horas y cuarenta y cinco minutos (tiempo promedio de un almuerzo familiar dominical si es que no hay peleas en la mesa) hacen que todo lo que esté alrededor de ese plato, empezando por quien lo coma, se convierta en una sustancia tipo espuma, de una densidad intermedia entre el moco y la plastilina. El almuerzo puede ser muy divertido pues se pueden estirar narices varios metros sin dolor, reducir una silla al tamaño de un vaso, e invertir la perspectiva de la cosas según se le pueda ocurrir a un menor de edad un domingo por la tarde. Pasadas las dos horas de la ingesta todo vuelve a la normalidad, asi que no hay que preocuparse si se abandona el chifa con una pierna más larga que la otra. Arrástrela hasta su vehículo, en el camino se arregla sola.
TE JAZMIN AYUDIN.- la bebida perfecta luego de un agitado almuerzo en el Chifa Feliz. Como resulta probable que el niño haya almorzado navegando en sopa, dando saltos enormes huyendo de caca ajena o hablando telefónicamente por arroz, es previsible que acabe el día despeinado, resinoso y bastante sucio. El Té Jazmín Ayudín logra, con solo beber un par de tazas, que quien lo tome quede inmediatamente limpio y peinado. Si se toma con azúcar además incorpora un leve aroma a Colonia Coquito detrás de las ojeras. Pero atención: solo funciona en niños. Los adultos ya están bastante grandes como para pensar que así nomás se arreglan las cosas.
DURANTE EL TIEMPO QUE estuvimos inventándolo, el Chifa Feliz nos daba risa. Ahora imagino que ya no sería tanta. La última vez que nos reímos hasta el dolor de barriga, la Coca Cola se le salía por la nariz, fue la semana pasada cuando nos perdimos buscando la casa de una amiga suya con la poca ayuda de un localizador satelital que se volvió loco. No era nada particularmente humorístico, pero nos dió una risa incontrolable, de aquellas que descubren puentes y conexiones secretas, pero imperecederas, entre las personas. Nunca sabes cuándo pueden aparecer. Por eso, por si acaso, la historia del Chifa Feliz la borré para siempre de donde había quedado olvidada y la copié acá.











